Vivimos en un mundo diferente, tal vez demasiado acelerado y probablemente muy alejado de la imagen que hubiésemos podido crear sobre la realidad en la era de la infancia, cuando los dragones todavía tenían fuego para proteger sus bienes más apreciados que no precisamente eran las princesas. Nos embarcamos en un viaje que no perdona ni un instante, las olas de obligaciones y deberes no dejan descansar la mente atormentada que intenta prever el tiempo de mañana. Todo se queda en el intento. Pedimos las respuestas correctas una y otra vez más a las preguntas que ni siquiera conocemos en persona. A veces, hasta seguimos sin rumbo por no quedarnos paralizados. A pesar de todo, la vida sigue y con ella se van evaporando nuestros ideales, sueños de marineros y astronautas, aventureros de corazón pero seres muy realistas, sobre todo, los lunes. Hay algún seguro que pudiera cubrir ese riesgo de perder lo que anhelamos de verdad? Si se pudiera asegurar que no se va a perder nada, esa...