Casi todos queremos lo de siempre. La fama, un trabajo digno y por supuesto bien retribuido, viajar y cuanto más lejos mejor, tener a tiro personas con las que no nos sintamos solos, encontrar amigos de verdad, poder dormir bien, divertirnos por no perder tiempo llorando las bromas del destino, hacer algo que por fin tenga sentido... la lista puede seguir, al fin y al cabo somos una sociedad deseosa, pero supongo que hasta ahora no te haya dicho algo que ya no supieras. Casi todos fallamos en lo mismo. Nos apresuramos a conseguir aquello que pensábamos que nos iba a solucionar la vida: comprar una casa, tener un trabajo seguro, fundar la familia o abrir un negocio... En el mejor de los casos lo logramos casi todo y sin sobrepasar demasiado los 30, aunque curiosamente eso tampoco sube de temperatura nuestro nivel de felicidad. En el peor de los casos, nos atascamos en algún objetivo banal concreto como: la falta de casa en propiedad, ausencia de pareja, imposibilidad de fi...